Vicente González: Un filósofo convertido leyendo a Santa Teresa
Fecha: 13/07/2009
 
• Buscaba el placer en el estudio y el sexo hasta que leyó a Santa Teresa de Ávila. Un catedrático emérito se convierte al leer la biografía de la mística.

• Vicente González Pérez, catedrático emérito, enseñaba filosofía y psicología en Guernica, Vizcaya mientras estaba inmerso en el intelectualismo y en una vida sin frenos morales.

• Alejado de Dios, iba a misa sólo por acompañar a su esposa. «Tenía una buena formación religiosa pero perdí mi fe en la universidad», explica refiriéndose a sus estudios de Pedagogía, Psicología y Filosofía en la Complutense.

• «El ambiente, salir, las fiestas... Yo perdí la moral y al perder la moral se pierde la fe. Siempre es así, primero te dejas llevar, como yo a los 23 años, de mis apetitos, de mis instintos y entonces, como no puedes controlarlos, pierdes la fe.

• Cuando ya has perdido la moral y vives libertinamente, dejándote llevar de todas tus pasiones, entonces ya no te interesa que Dios exista para que no te reproche nada; entonces caes en el agnosticismo o en el ateísmo.

• Porque cuando no se es capaz de vivir como se piensa, como se cree, se termina justificando como vives. Eso es lo que me pasó a mí», confiesa el ex catedrático.

• Vicente González aprobó las oposiciones de Filosofía a la primera y fue destinado al País Vasco como docente. A pesar de que ya estaba casado y tenía dos hijos, no se resistía a vivir las fiestas sexuales en «las noches en París» con su esposa.

• Dios me esperaba a mis 40

• «En el País Vasco me esperaba Dios a mis 40 años. Allí comenzó mi conversión. Seguí preparando la cátedra de Filosofía.

• Un día, estaba con un libro del filósofo francés que tanto me encanta, Henry Bergson, y leo esta frase: vosotros los españoles tenéis en la mística la más alta filosofía, vuestros grandes místicos Teresa de Jesús y Juan de la Cruz han conseguido de un salto lo que nosotros los filósofos no somos capaces de conseguir ».

• «Me quedé helado, abrí de par en par los ojos. ¿Pero cómo es posible! ¿Es que los filósofos y los místicos buscan lo mismo?

• Yo, que tenía una gran admiración por Henry Bergson, me sorprendió saber que él admiraba a los místicos.

• Entonces me fui derecho a Teresa de Jesús y empecé a leer su autobiografía. Me pasó algo similar a los que le pasó a Edith Stein, discípula de Husserl», (la intelectual judía que se convirtió al catolicismo leyendo la vida de Santa Teresa de Jesús), explica González.

• «La empecé a leer y leer. Lloraba y lloraba y cuando llegué al capítulo noveno, al capítulo de la conversión, pues me pasó algo similar a lo que le pasó a Santa Teresa: veía que ahí estaba el camino de la verdad.

• Seguí leyendo y comprobando la cantidad de experiencias a lo largo de su encuentro con Dios y te va retando constantemente como verá quien lo hubiere probado, como verá quien lo hubiere probado , o sea que ella te dice y si no me crees, practícalo, experiméntalo .

• Aquella lectura me hizo un inmenso bien. Entonces comenzó un camino de desprendimiento y dejé la afanosa búsqueda del placer». «Nos podemos encontrar con Dios en el camino estrecho», asevera. Y concluye: «Arcta est via quae ducit ad vitam (estrecha es la vía que conduce a la vida)».