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| Niños entre algodones |
| Fecha: 27/12/2008 |
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| • Los niños de generaciones anteriores crecieron jugando en la calle. Ahora, en los días de vacaciones las calles están vacías de niños y todo debe hacerse bajo control paterno. ¿Beneficia esto a los niños?, se pregunta Simon Knight en www. spiked-online.com
• En sus entrevistas con gente de distintas generaciones, Simon Knight, director de Generation Youth Issues, comprueba que las personas mayores están perplejas ante el exceso de proteccionismo de los padres de hoy. Éstos, en cambio, se preguntan por qué los padres de antes eran tan descuidados con sus hijos.
• A juicio de Knight, el hecho de que los padres sean ahora más proteccionistas no significa que quieran más a sus hijos que los padres de antes.
• "Lo que ocurre es que ha habido un reajuste en la manera en que los padres consideran a sus hijos, y en su relación con el vecindario. Hoy, el mundo entero parece ser visto bajo el prisma de la vulnerabilidad.
• Los padres que permiten desenvolverse a sus hijos con la misma libertad que los niños de antes, son considerados ahora como negligentes o incluso dañinos. ¡Hay que tener valor para que un padre reivindique su derecho a ser 'negligente'!"
• ¿Qué consecuencias tiene en la sociedad la obsesión por la seguridad? Para el sociólogo Frank Furedi, cuyas tesis suscribe Knight, los primeros perjudicados son los propios niños.
• Lo que más sufre por este régimen totalitario de la seguridad es el desarrollo de las capacidades de los niños. Jugar, imaginar e incluso meterse en problemas contribuye a ese sentido de la aventura que tanto ha ayudado a las sociedades a salir adelante.
• Una sociedad que pierde ese sentido de la aventura y de la ambición se pone en peligro, y ese es precisamente uno de los efectos posibles que se derivan de un ambiente donde socializar a los niños consiste, sobre todo, en inculcarles el miedo".
• La obsesión por la seguridad "reduce el entorno espacial y social en que viven los niños. Y esto tiene como resultado que las relaciones sociales se debilitan.
• Desde siempre, confiar en que otros adultos –padres, jóvenes monitores, profesores y gente corriente del vecindario– van a tratar bien a nuestros hijos, es un modo de cohesionar la comunidad.
• No puede ser que ahora sospechemos de cualquier persona que quiera trabajar con niños, porque entonces el mensaje que estamos lanzando es «no te fíes de nadie»". De Aceprensa |