“No confiaron sólo en su propia sabiduría”
“¿Cuál es la razón por las que unos ven y encuentren, y otros no? ¿Qué es lo que abre los ojos y el corazón? ¿Qué les falta a aquellos que permanecen indiferentes, a aquellos que indican el camino pero no se mueven?”, se pregunta el Papa.
El obstáculo que lo impide, explicó el Papa, es “la demasiada seguridad en sí mismos, la pretensión de conocer perfectamente la realidad, la presunción de haber ya formulado un juicio definitivo sobre las cosas volviendo cerrados e insensibles sus corazones a la novedad de Dios”.
“Lo que falta es la humildad auténtica, que sabe someterse a lo que es más grande, el pero también el auténtico valor, que lleva a creer a lo que es verdaderamente grande, aunque se manifieste en un Niño inerme”.
Falta, añadió, “la capacidad evangélica de ser niños en el corazón, de asombrarse, y de salir de sí para encaminarse en el camino que indica la estrella, el camino de Dios”.
“El Señor sin embargo tiene el poder de hacernos capaces de ver y de salvarnos”, concluyó el Papa, pidiendo para los fieles “un corazón sabio e inocente, que nos consienta ver la estrella de su misericordia, nos encamine en su camino, para encontrarle y ser inundados por la gran luz y por la verdadera alegría que él ha traído a este mundo”.