De el autor El Imperio de la Muerte: Quien se está forrando con el negocio del aborto
Fecha: 11/01/2010
 
INSTITUTO EFRAT
Análisis de Actualidad

¿Una crisis global para un Nuevo Orden Mundial?

Por: David del Fresno*

*David del Fresno es Presidente del Instituto Efrat y autor del libro "El Imperio
de la Muerte: Quien se está forrando con el negocio del aborto" (Ed.

Sekotia)
En este análisis vamos a exponer una breve reflexión acerca
de la crisis económica en la que estamos sumidos, sus
antecedentes y sus posibles peligros para el concepto de

“Soberanía Nacional”.

“De lo que se trata es de sustituir la autodeterminación nacional que se
ha practicado durante siglos en el pasado, por la soberanía de una élite
de técnicos y de financieros mundiales” (David Rockefeller)

La mayoría de los analistas que sobre este asunto han investigado,
parecen coincidir en afirmar que el Nuevo Orden Mundial es una idea
que parte del alemán Adam Weishaupt.

“Es preciso establecer un régimen de dominación universal, una forma
de gobierno que se extienda por todo el planeta. Es preciso conjuntar
una legión de hombres infatigables en torno a las potencias de la tierra,
para que extiendan por todas partes su labor siguiendo el plan de la

Orden” (Adam Weishaupt, fundador de los “Illuminati”)
Weishaupt, profesor de Derecho canónico en la Universidad de
Ingolstadt, funda en 1.776, bajo el sobrenombre de “Spartacus” una
sociedad secreta denominada primero "los Perfectibilistas" y más
tarde "Los Iluminados de Baviera" o más popularmente “Los
Illuminati”, con el propósito de derrocar a los reyes y gobernadores de
todo el mundo, erradicar a todas las religiones y creencias, y acabar
subyugando a todas las naciones bajo un nuevo orden mundial, basado
en un sistema de gobierno internacionalista con una moneda única y
una religión universal, donde, según sus creencias, cada persona
lograría la perfección.

No era ésta una orden masónica, si bien imitaba o se inspiraba en los
rituales masónicos. La Orden terminó su corta vida en 1784 y
desapareció a fines del Siglo XVIII. Hoy día su idea sigue perenne y, en
base a lo indicado por afamados investigadores, todo parece apuntar a
las fundaciones ligadas a los clanes Rockefeller y Rothschild como
sus principales avalistas.

En la actualidad, los promotores de este Nuevo Orden parten de las
siguientes premisas:
1º) El sistema político democrático está agotado.
2º) El sistema económico capitalista está agotado.
3º) Las religiones monoteístas son un obstáculo para el Nuevo Orden.

Sin utilizar la violencia, han venido diseñando y llevando a cabo
durante los últimos 40 años un complejo conjunto de acciones para
conseguir un «ciudadano pacífico» que acepte de buena gana su Nuevo
Orden –nuevo orden inspirado en el ideal masónico, todo hay que decirlosin
plantear objeciones de ningún tipo, siguiendo al pie de la letra una
estrategia fundamental:

"Mejor que hacer uso de un proceso violento que pueda antojarse
inaceptable y generar una rebelión, es mejor hacer uso de un proceso
gradual, presentándolo de una manera tan atractiva que lo haga
aceptable para la mayoría de la población” (Bzigniew Brzezinsky).

En estos momentos, las estructuras de poder mundial se están jugando
la conquista del planeta para reordenarlo según sus intereses, haciendo
caso omiso de las necesidades reales de una humanidad que, en su
vasta mayoría, está sufriendo penurias gracias a un sistema económico,
político y financiero que -nos atrevemos a decir- ha sido construido
sobre la más completa amoralidad y falta de ética.

En los últimos años, el dinero fácil y barato ha generado un
endeudamiento de las familias y de los gobiernos, tan alegre como
creciente, al que parece cada vez más difícil hacer frente.

Estamos todos
sin excepción sumidos en una crisis que está dejando cada vez más en
evidencia al sistema financiero, bancario y monetario que rige al
mundo desde hace décadas, y cuyos defectos -¿tal vez vicios?- han
permitido que un pequeño conjunto de personas acumule un poder casi
absoluto sobre los mecanismos que rigen el funcionamiento de la
economía global.

Este poder casi absoluto es el que ha permitido la
aparición de una crisis financiera al mismo tiempo y en todo el mundo,
que, en nuestra opinión, puede ser cualquier cosa menos casual.
Nosotros nos preguntamos: ¿Cómo ha sido posible que se hayan podido
equivocar todos los economistas de todo el mundo, todos al mismo
tiempo, y todos cometiendo los mismos errores? ¿Cabe pensar que todo
esto es algo que haya sobrevenido por mera casualidad? ¿Cómo ha sido
posible que haya sobrevenido en todo el mundo un colapso económico
tan repentino e inadvertido, como catastrófico?

“La actual ventana a la oportunidad para que quizá un nuevo orden
mundial se construya, no estará abierta durante mucho tiempo.
Estamos al borde de una transformación global. Todo lo que
necesitamos es una gran crisis y las naciones aceptarán el Nuevo
Orden Mundial.” (Nelson Rockefeller. Cena de los Embajadores de

Naciones Unidas. Año 2005)
Pues bien: Cuando ya sabemos que la principal causa de este colapso
no han sido los “malos negocios”, sino el endeudamiento peligroso
permitido –¿tal vez fomentado?- por los propios grandes bancos
internacionales, cuyos dirigentes forman parte -en su mayoría- de
organismos privados de promoción del Nuevo Orden, parece cada vez
más razonable pensar que, en realidad, se trata de una crisis económica
artificial, provocada por algunos para generar en todo el mundo una
sensación creciente de pánico que convenga a sus intereses.

En nuestra opinión, la crisis económica que padecemos
podría estar sirviendo a la implantación del Nuevo Orden
Mundial en la medida que está obligando a los Gobiernos a
dirigirse al capital privado para conseguir préstamos,
generando automáticamente las condiciones más idóneas
para que los detentadores de los monopolios del dinero,
puedan -llegado el caso- llegar a sumergir al Estado en una
situación muy peligrosa: Esos préstamos, que ya
constituyen desde el primer momento una carga
creciente para el conjunto de la Nación, pueden terminar
dando como resultado una pérdida de Soberanía Nacional
directamente proporcional a la deuda contraída.