¿SOLO BASTA CON AMARNOS PARA TENER RELACIONES SEXUALES?
Fecha: 02/11/2009
 
Hablar de sexualidad es algo difícil. La razón en mi parecer es muy sencilla: miedo.
¿Por qué? Miedo a enfrentarse a ir más allá de uno mismo, temor a enfrentarse con el bien del otro, miedo a aceptar el plan de Dios.

¿Basta solo con amarnos para tener relaciones sexuales?
La propuesta quizás nos haga pensar. Y sí…tenemos que pensar. Si nos guiamos por lo instintivo, no será necesario seguir adelante con este escrito….

Cuando dos personas se aman, buscan inevitablemente la fusión completa, no tan solo de almas, sino también de cuerpo. Es natural que así sea pues el amor conyugal es tan grande, tan maravilloso, que anhela un solo “ser”. Pero en el caso de las personas que aun se están preparando para el matrimonio (pololeo se dice en Chile, noviazgo si es algo serio), por más amor que exista entre los novios, estas relaciones son ilícitas porque van en contra del plan de Dios. ¿Por qué? Dios no las quiere porque no son necesarias para formar familias sólidas en el amor y la virtud.

No tan solo la teoría, sino también la experiencia lo confirma: quienes han tenido relaciones sexuales antes del matrimonio, tienen alta probabilidad de fracasar como casados porque se ha explorado un terreno que Dios no quiere que conozcamos hasta el matrimonio. El noviazgo es tiempo para conocer el alma no el cuerpo.

Como ya hemos dicho, el amor entre un hombre y una mujer busca un “para siempre”. Esa eternidad no puede garantizarse de otra forma que en un matrimonio indisoluble. Cuando uno ama, no busca al otro día romper…Sería contradictorio. Cualquiera que haya amado tendrá muy claro que el amor busca la perpetuidad. En consecuencia solo la indisolubilidad del matrimonio puede garantizar una entrega total y completa del amor.

Un matrimonio en que se puede echar mano al divorcio nunca es amor verdadero y completo porque nadie asegura que pueda anularse ante cualquier problema que aparezca, que siempre los hay.

Bueno, he aquí el primer motivo: las relaciones sexuales son lícitas solo dentro del matrimonio en virtud del principio de indisolubilidad instituído nada menos que por Jesús (Mt 19, 3-12) Y humanamente, también el amor lo pide…Una relación sexual prematrimonial puede tener amor, pero nadie puede garantizar que esa mujer, ese hombre al cual me entrego, será mi futuro esposo. El noviazgo puede romperse (incluso los más serios), en cambio el consentimiento matrimonial libremente expresado une de manera total y hasta la muerte, ante Dios. La unión ante Dios genera el sacramento, verdadera garantía que la entrega es radical.

Un segundo motivo son las consecuencias: la afectividad sexual por propia naturaleza une fuertemente, y si ese noviazgo llega a romperse, traerá consigo más dolor que otro en que dos novios se abstuvieron de relaciones sexuales.

Otro motivo muy importante son las finalidades del matrimonio: toda persona que ama busca algún día casarse; nadie quiere ser novios para toda la vida. Pues bien, en ese contexto, si dos personas tienen relaciones sexuales en el noviazgo juegan con las finalidades del matrimonio. Una de ellas es la que ya hemos en alguna medida analizado (el amor mutuo) y la otra, que es de suyo grave, la procreación. Dos novios que tienen relaciones sexuales, por más amor que entre ellos se prodiguen, buscarán de alguna manera violentar embarazos. No hay que ser ingenuos para no creer que en situaciones en que no están dadas las condiciones para recibir a un hijo, se busca a toda costa evitar los embarazos con cuanto artificio en el mercado exista.

Tampoco los novios están preparados ni espiritualmente, ni psicológicamente, menos afectiva o económicamente, para traer un nuevo ser al mundo (la mayoría de las veces), porque todavía son muy jóvenes o porque su formación está incompleta e impide una entrega de tiempo completo para la otra finalidad del matrimonio: la educación de los hijos. De relaciones sin la seguridad del matrimonio indisoluble son los niños, si eventualmente los hay, los que van a sufrir. Lástima que ante situaciones así pensamos más en nuestro bienestar antes que en el de los seres que han pasado a ser lo más importantes una vez nacidos.

Las relaciones sexuales prematrimoniales, de este modo, nacen en ambientes de temor, de angustia, y miedo a las consecuencias, “lo que pase si lo hacemos”. Todo estos factores negativos terminan anulando el amor que eventualmente los novios podrían tener, pues la paz de la conciencia, la intranquilidad de estar haciendo algo que es contrario al plan de Dios, entristece el alma. Y no es tampoco muy exagerado decir que de este tipo de situaciones nacen crímenes tan graves como el aborto que no pocos ante tan grandes consecuencias, no dudan en consentir.

Por último, un noviazgo donde están presentes las relaciones sexuales puede terminar anulando el amor sincero que en un principio dos personas se expresen. La formación de la voluntad, el carácter, ciertas virtudes necesitan de la pureza para desarrollarse integralmente. Si en el noviazgo no se cultivan estas virtudes, el matrimonio nacerá con un vacío que en un futuro, romperá con el amor y en consecuencia, con el matrimonio.

Estos hechos demuestran contundentemente que, una vez más, la Iglesia “experta en humanidad” (Paulo VI), tiene razón. Como dice el Padre Jorge Loring S.J con su afable humor, Dios no es un aguafiestas, si prohibe las relaciones prematrimoniales, aunque no comprendamos, es bueno. También tenemos que decir que solo la Iglesia ha mantenido firme la voluntad de Cristo sobre el matrimonio y navega contracorriente. Las comunidades protestantes, por desgracia, o no reconocen la sacramentalidad del matrimonio (ya demostramos su importancia), o introducen elementos ajenos al Evangelio que dan paso al divorcio. Recordemos el célebre caso de Enrique VIII y el nacimiento de la Comunión Anglicana. Solo el matrimonio indisoluble se condice con todo el Evangelio que Cristo vino a anunciar.

Es correcto y sabio entonces decir: desnudarse primero el alma para terminar desnudando el cuerpo y no al revés.
Luis Robert V.


“El uso del aparato genital es derecho exclusivo de casados, porque sólo ellos pueden responder a las responsabilidades que su uso lleva consigo. Engendrar hijos es lo más grande que se puede hacer en la vida. Por eso convertir la sexualidad en un juego, es un crimen. Es degradar la misión más sublime del hombre”

Tomado de: Para Salvarte, P. Jorge Loring, S.J

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