TIPICOS TOPICOS: La Iglesia, la gran familia de Dios
 
• Se puede criticar mucho a la Iglesia. Lo sabemos, y el Señor mismo nos lo dijo: es una red con peces buenos y malos, un campo con trigo y cizaña.

• El Papa Juan Pablo II, que nos mostró el verdadero rostro de la Iglesia en los numerosos Beatos y santos que proclamó, también pidió perdón por el mal causado en el transcurso de la Historia por las palabras o los actos de hombres de la Iglesia.

• De este modo, también a nosotros nos ha hecho ver nuestra verdadera imagen, y nos ha exhortado a entrar, con todos nuestros defectos y debilidades, en la muchedumbre de los santos que comenzó a formarse con los Magos de Oriente.

• En el fondo, consuela que exista la cizaña en la Iglesia. Así, no obstante todos nuestros defectos, podemos esperar estar aún entre los que siguen a Jesús, que ha llamado precisamente a los pecadores.

• La Iglesia es como una familia humana, pero es también al mismo tiempo la gran familia de Dios, mediante la cual Él establece un espacio de comunión y unidad en todos los continentes, culturas y naciones.

• Por eso nos alegramos de pertenecer a esta gran familia que vemos aquí; de tener hermanos y amigos en todo el mundo.

• Justo aquí, en Colonia, experimentamos lo hermoso que es pertenecer a una familia tan grande como el mundo, que comprende el cielo y la tierra, el pasado, el presente y el futuro de todas las partes de la tierra.

• En esta gran comitiva de peregrinos, caminamos junto con Cristo, caminamos con la estrella que ilumina la Historia.
«Entraron en la casa, vieron al Niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron» (Mt 2, 11).

• Queridos amigos, ésta no es una historia lejana, de hace mucho tiempo. Es una presencia. Aquí, en la Hostia consagrada, Él está ante nosotros y entre nosotros. Como entonces, se oculta misteriosamente en un santo silencio y, como entonces, desvela precisamente así el verdadero rostro de Dios.

• Por nosotros se ha hecho grano de trigo que cae en tierra y muere y da fruto hasta el fin del mundo (cf. Jn 12, 24). Está presente, como entonces en Belén. Y nos invita a la peregrinación interior que se llama adoración. Pongámonos ahora en camino para esta peregrinación, y pidámosle a Él que nos guíe.
Amén.

De la JMJ del Papa Benedicto XVI en la explanada de Marienfeld, de Colonia
Sábado 20 de agosto de 2005