Código da Vinci: Reseña en El Confidencial Digital
 
Son ya abundantes las novelas, y sus correspondientes adaptaciones cinematográficas, que se apuntan a la llamada “teología-ficción” para cuestionar la veracidad histórica del cristianismo. No cabe duda de que pretenden aprovecharse comercialmente del escándalo que suscitan en los creyentes, y a la vez enganchar con un público carente de cultura religiosa pero todavía familiarizado con la imaginería cristiana.

El autor de ‘El código Da Vinci’, Dan Brown, emplea la vieja fórmula de llenar páginas con información aparente que, en realidad, no tiene ninguna base histórica, artística o religiosa. Por eso, la crítica más elocuente es, simplemente, exponer fríamente su tesis, despojándola de los fuegos artificiales de la trama de acción.

El argumento de esta novela se basa en afirmar que Jesús estuvo casado con María Magdalena, con la que tuvo una hija. Este hecho habría sido supuestamente silenciado por la Iglesia a lo largo de los siglos, mediante asesinatos y guerras. La hipótesis, repetida por muchos detractores del cristianismo, no tiene ningún fundamento histórico por lo que ningún exégeta católico o protestante la sostiene. Pero la documentación del autor parece encontrar más fiable el guión de “La última tentación de Cristo” que siglos de investigación bíblica.

La Iglesia Católica aparece en el libro como una gran mentira histórica, producto de una invención del emperador Constantino que buscaba una religión para todo el imperio. Hasta ese momento, el cristianismo habría sido una religión oriental predicada por un profeta judío llamado Jesús, casado con una tal María Magdalena, y con la que tuvo una hija. El emperador habría fusionado las enseñanzas cristianas con las tradiciones paganas, para que calaran más fácilmente en la población.

También promovió el Concilio de Nicea donde se sometió a votación la declaración de la divinidad de Jesús, un simple hombre hasta entonces. Esta tergiversación obligó a destruir todos los relatos evangélicos y a reescribirlos, para demostrar la divinidad de Cristo. En la manipulación se habría suprimido la figura de la mujer de Jesús, convirtiéndola en la actual María Magdalena.

Desde entonces, el aspecto femenino y sexual de la religión cristiana habría sido sistemáticamente rechazado por la Iglesia. Esta ficción histórica permite al autor de la novela describir a la Iglesia Católica –representada por el Vaticano y el Opus Dei– como enemiga de la mujer, de la verdad y capaz de todo tipo de crímenes, llegando a afirmar que asesinó a cinco millones de mujeres.

En contraste con la mentira del cristianismo se presenta como verdadera religiosidad la de los cultos precristianos, que adoraban la divinidad femenina y practicaban el sexo sagrado.

La conclusión de la novela es que no basta desvelar la supuesta verdad sobre el cristianismo, descubriendo las pruebas del matrimonio de Jesús con María Magdalena, sino que es necesario que la Iglesia Católica reconozca su impostura y sus crímenes, volviendo a adorar la divinidad femenina, lo que obligaría a cambiar su doctrina moral sobre la sexualidad y el sacerdocio de las mujeres.

A la vista de lo descabellado de sus tesis de fondo, la verosimilitud de la novela queda en entredicho, y sus desatinadas afirmaciones caen por su propio peso. Demasiada invención, demasiada maldad, demasiada perversión como para ser ni siquiera verosímil, pero los lectores más inocentes pueden quedarse con la idea de que la Iglesia Católica, y en particular el Vaticano y el Opus Dei, es una institución poco fiable.