Código da Vinci: La Sevilla de Dan Brown
 
La ambientación de la capital andaluza en “La fortaleza digital” está llena de errores y de tópicos negativos

Dan Brown suele decir que sus obras son ficción, pero basadas en una sólida documentación. Pero será difícil que los sevillanos se tomen ya en serio al autor de "El Código Da Vinci", después de comprobar el cúmulo de errores y la falsa ambientación de Sevilla que ofrece en su novela "La fortaleza digital", que se acaba de traducir ocho años después de su publicación en Estados Unidos.

Los datos y descripciones que da de Sevilla –el escenario donde transcurre buena parte de la trama de esta novela– han dejado estupefactos a los sevillanos. Algunos son puros errores históricos: la catedral es "gótica del siglo XI", los callejones del barrio de Santa Cruz "datan del tiempo de los romanos", la Giralda tiene 125 metros de altura (frente a los 97 reales)...
Dan Brown retrata una ciudad tercermundista, atrasada y corrupta, que poco tiene que ver con el ambiente de los años noventa en que se desarrolla la novela.

En los hospitales los pacientes ocupan catres en el suelo, y el aire está impregnado de olor a orina: "Era como una especie de decorado empleado para una película de terror en Hollywood", escribe. La policía es corrupta. Los autobuses circulan con las puertas abiertas. El lector se entera también con sorpresa de que "el zumo de arándanos es una bebida popular en España".
La visión de la religiosidad sevillana responde a tópicos rancios. En la Sevilla de los años noventa, los hombres van a Misa "con trajes negros", y las mujeres "rezando por las calles con cuentas de Rosario" y "mantillas".

Comulgan "al principio de la Misa", y beben el cáliz de "vino tinto".
La literatura está llena de licencias, pero las de Dan Brown rozan el ridículo. Así no duda en asegurar que en la catedral de Sevilla se conserva el escroto de Colón, como una reliquia venerada. Pero aunque en la catedral esté el sepulcro del almirante, la conservación del escroto tendría que haber sido un milagro, ya que como todos los tejidos blandos desaparecen antes de cinco años después de la muerte.

Advertido de que en Sevilla se había protestado contra su novela, Dan Brown ha escrito una nota para la traducción española en la que asegura que vivió en Sevilla un año en la década de los noventa mientras estudiaba en la Universidad y que es su "ciudad europea preferida".

El Ayuntamiento de Sevilla no ha querido encarnizarse con el novelista y ha dicho en un comunicado que "Sevilla dará una nueva muestra de su condición de ciudad de la tolerancia y la convivencia en lo relativo a las rotundas inexactitudes que se cometen con relación a su geografía urbana, sus monumentos y sus hospitales".

El municipio comprende que las descripciones "no están en función de la realidad de cada ciudad y país, sino de los requerimientos del argumento y de las circunstancias que lo rodean".