Verdad: La verdad, camino para la paz
 
•El terrorismo internacional y la venta de armas fueron dos de los puntos principales que el Papa Benedicto XVI trató con las 174 delegaciones diplomáticas acreditadas ante la Santa Sede, en el tradicional discurso de principios de año.

• El Santo Padre alertó de los riesgos de un choque de civilizaciones y animó a utilizar los potentes medios de comunicación como vía para un mejor conocimiento de otros pueblos

• Es posible evitar con la comprensión entre culturas el peligro del choque de civilizaciones, que el terrorismo de carácter global hace todavía más agudo, aseguró este lunes Benedicto XVI en el esperado discurso que dirigió a los embajadores de 174 países acreditados ante la Santa Sede.
• La anhelada intervención del Papa, que marca la línea de la diplomacia espiritual que quiere imprimir a este pontificado, sirvió también para lanzar una enérgica denuncia ante el ingente gasto global en armamentos que distrae recursos precisos que podrían ser destinados a combatir el hambre.

• Al hacer un balance sobre la situación actual del mundo, Benedicto XVI propuso, el lunes pasado, 9 de enero de 2006 al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede la verdad como camino para alcanzar la paz. El Pontífice ilustró su propuesta con estos cuatro impactantes enunciados:
- El compromiso por la verdad es el alma de la justicia
- El compromiso por la verdad da fundamento y vigor al derecho a la libertad
- El compromiso por la verdad abre el camino al perdón y a la reconciliación
- El compromiso por la paz abre camino a nuevas esperanzas.

• Recíproca comprensión

• El Pontífice trazó, ante todo, un análisis del contexto mundial actual, «en el cual, sin duda, se ha vislumbrado el peligro de un choque de civilizaciones», reconoció.

• «El peligro se hace más agudo por el terrorismo organizado, que se extiende ya a escala mundial». El Papa analizó las causas de esta situación, que calificó de numerosas y complejas, entre las que destacan las «ideológicas y políticas, unidas a aberrantes concepciones religiosas –subrayó–.

• El terrorismo no duda en atacar a personas inermes, sin ninguna distinción, o en imponer chantajes inhumanos, provocando el pánico en poblaciones enteras, para obligar a los responsables políticos a favorecer los planes de los propios terroristas».

• Según el obispo de Roma, «ninguna circunstancia puede justificar esta actividad criminal, que llena de infamia a quien la
realiza, y que es mucho más deplorable cuando se apoya en una religión, rebajando así la pura verdad de Dios a la medida de la propia ceguera y perversión moral».

• El Pontífice lanzó una propuesta para el siglo XXI: «En siglos pasados –dijo–a los intercambios culturales entre judaísmo y helenismo, entre mundo romano, mundo germánico y mundo eslavo, como también entre mundo árabe y mundo europeo, han enriquecido la cultura y favorecido las ciencias y las civilizaciones».

• Y continuó: «Así hoy debería darse de nuevo y en mayor medida, puesto que existen, de hecho, unas posibilidades de intercambio y de recíproca comprensión mucho más favorables.

• Por esto lo que hoy se pide es, ante todo, que se elimine todo obstáculo para el acceso a la información por medio de la prensa y de los modernos medios informáticos, y, además, que se intensifiquen los intercambios de profesores y de estudiantes entre las disciplinas humanísticas de las universidades de las diversas regiones culturales».

El silencio de las armas

• Ahora bien, como Benedicto XVI dejó claro en el largo discurso pronunciado en francés, la paz «no es sólo el silencio de las armas». Por esto, especificó: «No se puede hablar de paz allá donde el hombre no tiene ni siquiera lo indispensable para vivir con dignidad».

• En particular, se refería a «las multitudes inmensas de poblaciones que padecen hambre. Aunque no estén en guerra, la suya no se puede llamar paz: más aún, son víctimas inermes de la guerra».

• Puso ante la comunidad internacional «las imágenes sobrecogedoras de los grandes campos de prófugos o de refugiados, en muchas partes del mundo, acogidos en precarias condiciones para librarse de una suerte peor, pero necesitados de todo».

• Y el Santo Padre se preguntó: «Estos seres humanos, ¿no son nuestros hermanos y hermanas? ¿Acaso sus hijos no vienen al mundo con las mismas esperanzas legítimas de felicidad que los demás?»

• El repaso de la situación mundial del Papa también tuvo en cuenta a «todos los que, por condiciones de vida indigna, se ven impulsados a emigrar lejos de su país y de sus seres queridos, con la esperanza de una vida más humana».

• Tampoco olvidó «la plaga del tráfico de personas, que es una vergüenza para nuestro tiempo». Ante este dramático panorama, «se requiere un mayor esfuerzo conjunto de las diplomacias para individuar en la verdad, y superar con valentía y generosidad, los obstáculos que impiden encontrar todavía soluciones eficaces y dignas del hombre.

• Y la verdad exige que ninguno de los Estados prósperos se sustraiga a las propias responsabilidades y al deber de ayuda, utilizando con mayor generosidad los propios recursos».
Ejército de pobres
• Citando los datos estadísticos disponibles, el Papa reconoció que «menos de la mitad de las ingentes sumas destinadas globalmente a armamento sería más que suficiente para sacar de manera estable de la indigencia al inmenso ejército de los pobres».

• Y concluyó: «Esto interpela a la conciencia humana. Nuestro común compromiso por la verdad puede y tiene que dar nueva esperanza a estas poblaciones que viven bajo el umbral de la pobreza, mucho más a causa de situaciones que dependen de las relaciones internacionales políticas, comerciales y culturales, que por circunstancias incontroladas».

Jesús Colina. Roma