Educación: La elegancia también enseña
 
• Vestirse y comportarse de acuerdo a los valores que se viven y sobre todo hacer uso de la moda de acuerdo a nuestra edad.

• No es raro ver mujeres de treinta y cinco años vestidas como adolescentes, preocupadas por ocultar el paso de los años.

• La elegancia también enseña. O, mejor dicho, también se enseña. Si somos madres de niñas en lo particular no debemos pasar por alto que nosotras somos el modelo en que nuestras hijas se verán reflejadas.

• Para hablar en específico de la elegancia desde el comportamiento, si nuestros modales son distinguidos, recordando que lo distinguido es lo que sobresale, lo elevado, lo señorial y que nos sitúa por encima de lo vulgar desarrollando el verdadero comportamiento femenino, es lógico que esto será un valor para la convivencia dentro de las relaciones humanas que tus hijos, y sobre todo tus hijas heredarán.

• Las niñas lo copian todo, me refiero a "todo". Imitan la forma en que acogemos a nuestro esposo y a los otros; juegan con sus muñecas de acuerdo a la sensibilidad que hemos depositado en ellas.

• Miran a los otros con lo profundo de nuestra mirada y saludan con el calor o la frialdad con que nosotras lo hacemos. Copian todas nuestras actitudes.

• Todo esto viene por la inspiración que la madre pueda dar y sobre todo la interiorización en su ser de que ella, es una mujer. Por eso es importante hacer un auto-análisis de tu propia forma de conducirte en privado, es decir con aquellos que te permiten ser tu con toda libertad.

• Más importante aún es enlazar la forma de vestirse con los valores que quiero inculcar en mis hijas. Por esto:

- Si quiero hijas que al llegar a la adolescencia no quieran empezar a desnudar su cuerpo con la ropa que está de moda, será importante que desde pequeñitas vayan observando la forma cuidadosa y elegante de vestirse mami.

- Si quiero hijas que al llegar a la adolescencia sean femeninas, conscientes de su enorme dignidad como mujeres y orgullosas de hacer del pudor un valor que guiará su vida me tocará a mí reorientar mi conducta en cuanto a la vestimenta que elijo.

Después de todo también tengo derecho a encarnar los valores que harán que emerja un tipo de mujer diferente. No podemos controlar la industria de la moda, tampoco tenemos control sobre aquello que nuestras hijas irán a ver a la calle cuando salgan con sus amigas.

No podemos controlar la forma en que se visten los artistas, las modelos en la televisión y aquellos personajes públicos que lamentablemente son tomados como modelo a seguir. Pero sí podemos influenciar enormemente con audacia e inteligencia el fondo de sus conciencias.

Enseñarles de una manera creativa que la elegancia para la mujer es lo que para un pintor como Leonardo Da Vinci representan las acuarelas, sin ellas no hay pintura.

Sin elegancia no hay mujer completa, no puede contemplarse el verdadero esplendor femenino que sólo puede nacer de una alma bien cultivada, un corazón disciplinado y una inteligencia consciente de su dignidad como mujer. Eso lo hace, ya lo sabes, tu que eres o que serás madre y que te gusta estar a la moda. Como a mí. ¿Te lo piensas?