Persona: «La subjetividad de la sociedad»
 
• El poder de la gracia penetra en el orden político, especialmente cuando los laicos se colocan a la cabeza en el ejercicio de la responsabilidad pública cristiana, pero no se puede pretender que la política terrenal llegue a crear el orden correcto final por el que suspiran nuestros corazones.

• En tanto en cuanto las ambiciones del Estado son controladas por la afirmación democrática de una soberanía superior y por los propios límites de la política, así esas ambiciones son controladas por diversas soberanías dentro de la sociedad misma.

• Junto con León XIII, Juan Pablo II afirma que «el individuo, la familia y la sociedad están por encima del Estado». El Estado existe para servir y proteger a los individuos e instituciones que tienen prioridad. Las personas humanas, y lo que en otra parte he descrito como las instituciones mediadoras de la sociedad, «disfrutan de sus propias esferas de autonomía y soberanía».

• Según la Centesimus annus. Estas esferas de soberanía son menores que las del Estado, pero no inferiores al Estado.
La impactante modernidad de los razonamientos de la encíclica es evidente también en su colocación del Estado. A diferencia de formulaciones previas, el Estado no se sitúa dentro de una jerarquía de autoridades, en orden descendiente desde el mandato de Dios hasta el mandato del señor de la casa.

• El razonamiento de la encíclica Centessimus annus es profundamente democrático. Cristo es soberano sobre todo, y esa soberanía es sostenida por aquellos que reconocen la soberanía de Cristo. El Estado ilimitado, ya sea el basado en el ateísmo marxista o en los diseños de ingeniería del racionalismo ilustrado, aspira al control totalitario.

• «Se niega de este modo la intuición última acerca de la verdadera grandeza del hombre, su trascendencia respecto al mundo material, la contradicción que él siente en su corazón entre el deseo de una plenitud de bien y la propia incapacidad para conseguirlo y, sobre todo, la necesidad de salvación que de ahí se deriva». Al Estado limitado se le mantiene limitado a través de la reivindicación democrática de la aspiración trascendente del corazón humano.

• En este sentido, Juan Pablo II infunde a la doctrina de la subsidiaridad una nueva vitalidad por el uso de una frase extremadamente sugerente: «La subjetividad de la sociedad». Esa frase representa una nueva forma de hablar sobre la subsidiaridad.

• La encíclica dice: «La socialidad del hombre… se realiza en diversos grupos intermedios, comenzando por la familia y siguiendo por los grupos económicos, sociales, políticos y culturales, los cuales, como provienen de la misma naturaleza humana, tienen su propia autonomía, sin salirse del ámbito del bien común».

• En la sociedad libre, el Estado es una institución, un actor, entre otros. Es un actor indispensable en su servicio a todos los demás actores, pero está sujeto a la subjetividad de la sociedad, y la subjetividad de la sociedad consiste en personas libres, y personas libres, en comunidad viviendo en obediencia a Dios y en solidaridad los unos con los otros.

Extracto de la conferencia “situación de lo católico,
dentro del Estado secular” por El profesor Richard John Neuhaus en el Congreso Católicos y vida pública 2005.