Pensamiento: “La generación de la reforma”: Libro de Paul Nolte
 
• Se trata de una serie de ensayos políticos que buscan presentar una nueva perspectiva que supere el actual pesimismo alemán. Es una apelación a la nueva generación para afrontar los retos del siglo XXI.
• Nolte señala cinco puntos clave para el debate político del siglo XXI.
• Primero, los fundamentos religiosos de una sociedad post secular, pues ha quedado clara la importancia de lo religioso en el mundo moderno: "no solo en el proyecto antimoderno del fundamentalismo islámico, sino también en la modernidad misma, por ejemplo, con el movimiento por la democracia y por la sociedad civil de la Europa central (Polonia, República Democrática de Alemania) y en el debate crítico sobre los límites de las ciencias naturales".
• El fenómeno, aparentemente universal, de la secularización, es más bien una excepción de la Europa occidental en un mundo que sigue siendo influido por fuerzas religiosas múltiples.
• En segundo lugar, hay que superar la sociedad del yo, en la que "la responsabilidad por la vida de terceras personas –de familiares, de vecinos, de conciudadanos– se traspasa con facilidad al Estado".
• La modernización no conduce, como muchos han creído, a una forma de vida individualista. "La modernización favorece esas tendencias, pero moviliza también muchas fuerzas contrarias, ya que la sociedad moderna no puede sobrevivir sin una comunidad social y sin responsabilidad social".
• En virtud del principio de la subsidiariedad, "el Estado no debe hacerlo todo". Los individuos y las sociedades no deben esperar a que sea requerida su colaboración, sino que pueden tomar la iniciativa para plantear soluciones innovadoras. "Esto puede ocurrir en el campo de la política social o de la política económica, pero también en la política educativa y universitaria. Debe predominar una ética de la prudencia ante lo que la tecnología y la economía permiten hacer, de modo que se valore lo que es sensato y soportable para un proyecto de vida humano".
• Por último, en el mundo globalizado siguen siendo necesarios "espacios de identificación", lugares concretos "en los que la vida se desarrolla, a los que se unen los recuerdos, en los que se crean tradiciones, en los que crecen las lealtades y en los que se forja el futuro; llamémosle brevemente 'la patria'. La alternativa al romanticismo patriótico antiguo no es la dudosa desorientación de lugar de la globalización".