![]() |
![]() |
| Verdad: «La renuncia a la verdad es el núcleo de la crisis de Occidente», afirma Benedicto XVI |
![]() |
En su segundo día de visita a Austria, el Papa alertó de que «si se pierde la noción de bien y mal, los adelantos de la ciencia se vuelven ambiguos, pueden convertirse en una amenaza para el hombre y provocar su destrucción»
Y ha sido aquí, en el corazón espiritual de Centroeuropa, desde donde el Papa ha alertado de la profunda crisis en la que se encuentra sumido Occidente y la verdadera razón que la ha motivado: «La renuncia frontal a la verdad». Con esa importancia para los signos que le ha caracterizado desde el inicio de su pontificado, Benedicto XVI eligió su peregrinación hasta el santuario de Mariazell para incidir en el peligro que supone este relativismo que impide «distinguir entre el bien y el mal». En una elaborada homilía Benedicto XVI comenzó destacando que el hombre tiene necesidad de Dios, «que nos ha mostrado su rostro y abierto su corazón a través de Jesucristo». Sin embargo, explicó que esta referencia concreta a Cristo «no significa un desprecio de las otras religiones, ni una absolutización de nuestro pensamiento». En este contexto afirmó que la fe cristiana «se opone con decisión a la resignación que considera al hombre incapaz de la verdad, como si ésta fuese muy grande para él». Según explicó, «esta resignación frente a la verdad es el núcleo de la crisis de Occidente, de Europa» pues «si para el hombre no existe una verdad» en el fondo, «no puede distinguir entre el bien y el mal». Una incapacidad que supone graves consecuencias, pues según afirmó el Pontífice, de esta forma «las grandes y maravillosos adelantos de la ciencia se convierten en ambiguos, pueden abrir perspectivas importantes para el bien, para la salvación del hombre, pero también -como lo vemos- convertirse en una terrible amenaza, la destrucción del hombre y del mundo», afirmó. En esta encendida defensa de la verdad, el Papa no se ahorró tampoco la autocrítica: «Tenemos necesidad de la verdad -reiteró-, aunque por causa de nuestra historia tenemos miedo de que la fe en la verdad comporte intolerancia». Tomando como referencia la imagen de Mariazell, donde María sostiene en sus brazos al Niño Jesús, Benedicto XVI denunció la «pobreza de niños» que invade Europa, porque «lo queremos todo para nosotros mismos y, quizás, nos fiamos poco del futuro». También condenó las situaciones que hacen sufrir hoy a los niños como la «pobreza», el que sean «utilizados como soldados», la enfermedad o el triste hecho de que no todos puedan «experimentar el amor de los padres». Para finalizar, el Papa explicó que poniendo «la mirada en Cristo», nos damos cuenta que «el cristianismo es más que un sistema moral, de una serie de exigencias o leyes: es el don de una amistad que perdura en la vida y en la muerte». Y como prueba de ello propuso una relectura del Decálogo en que los «noes» fueron convertidos en rotundos «síes» a Dios, a la familia, a la vida, al amor responsable, a la solidaridad y la justicia, a la verdad y al respeto de las personas. Mientras, los fieles austriacos, húngaros, eslovenos, croatas, checos, eslovacos y polacos que inundaban Mariazell, resistían con chubasqueros de colores la incesante lluvia, a la que hizo referencia el obispo de la diócesis, monseñor Egon Kapellari, en la presentación ante el Papa: «Tenemos mucha lluvia, pero llevamos el fuego en el corazón». Un ardor que Benedicto XVI reclamó en su último mensaje de envío al señalarles: «¡Continuad la labor de los apóstoles, ahora os toca a vosotros!».
J. R. Navarro Pareja Enviado especial de La Razón
|